Con el cierre del proceso electoral, el partido elegido asume la responsabilidad histórica de gestionar y resolver los grandes problemas nacionales para orientar a la sociedad peruana hacia el desarrollo pleno. Durante la campaña, la ciudadanía fue categórica al señalar sus prioridades: la urgencia de resolver la inseguridad ciudadana y derrotar a la delincuencia y a la corrupción. No obstante, las propuestas presentadas carecieron de la claridad necesaria para abordar, en paralelo, la raíz estructural de estos severos problemas: la profunda crisis educativa que actúa como cantera de los ciudadanos que optan por la criminalidad. Así, la mayoría de los planteamientos se limitaron a afrontar la coyuntura inmediata, dejando de lado las causas estructurales y su profunda vinculación con el tejido educativo.

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