Cuando pensamos en desarrollo en la primera infancia, muchas veces imaginamos juguetes educativos, actividades especiales o consultas con profesionales. Sin embargo, gran parte del desarrollo psicomotor ocurre en los momentos más simples de la vida cotidiana, es decir, en las prácticas de crianza. Cada interacción, cada palabra, cada oportunidad de movimiento y experiencia compartida contribuyen a la construcción de ese ser humano que se está desarrollando rápida y significativamente en estos primeros años. Las miradas, las respuestas, la significación de cada gesto/movimiento que el pequeño pueda expresar y su habilitación por parte del adulto que acompaña esa crianza, constituyen los cimientos de ese desarrollo, de las habilidades que el niño irá construyendo. Las prácticas de crianza no son algo menor: son el escenario donde el desarrollo sucede.