La Copa del Mundo abrió una pausa artificial durante la cual pareció que los grandes conflictos globales se disipaban. No fue así

El Mundial no detuvo las crisis ni resolvió nada, pero durante unas semanas nos dio una conversación común y un respiro compartido

Cuando millones de aficionados sienten que determinadas decisiones favorecen a unos sobre otros, la confianza comienza a desgastarse