Arranco con una confesión que me da un poco de vergüenza: no entiendo de fútbol. Puedo seguir un partido y gritar un gol, pero cuando la charla se pone técnica me pierdo y nunca sentí la fiebre mundialista como la sienten mis amigos. Y sin embargo, el miércoles a la noche, cuando Lautaro la puso adentro en el 90 más 2, salté como todos. Eso que me pasó tiene nombre y lo puso un antropólogo escocés hace sesenta años. Victor Turner se pasó la vida estudiando rituales de iniciación en África y encontró siempre la misma estructura. Todo rito de pasaje arranca separándote de tu vida anterior, después te mete en un estado ambiguo donde dejaste de ser lo que eras y todavía no sos lo que vas a ser, y recién al final te devuelve a la comunidad, transformado. A esa etapa del medio la llamó liminalidad, del latín limen, umbral: el momento de estar parado en la puerta con un pie de cada lado.