Ningún ministro de Educación se despierta por las mañanas pensando qué daño puede infligir al sistema educativo. Ninguna ministra visita escuelas con la idea de añadir problemas a los ya heredados. Más bien, todo lo contrario. Creen hacer lo correcto a pesar de las restricciones que tienen. Todos confían en que las medidas que impulsan son un aporte a la educación que administran. Sin embargo, los logros son escasos y los retrocesos, preocupantes. Luego de varias décadas en que se invirtieron millones de dólares en acciones de la más diversa naturaleza, es arduo comprender las dificultades que enfrentamos en la actualidad. No solo fue la inversión en infraestructura, equipamiento, capacitación, libros y computadoras. También se impulsaron y modificaron leyes generales de educación, se terminaron de provincializar las escuelas, se coordinaron con esfuerzo las actividades de distintos niveles de gobierno, se cambiaron programas curriculares y se adoptaron diversas medidas sobre el régimen académico.