Nuestra Escuela acaba de anunciar que será absorbida por otro colegio, Los Robles. Un nombre histórico no puede morir tan rápido. Algunos dicen que no murió “completamente”, porque dice Los Robles “EAM”. (Es como cuando Repsol decía “YPF”, pero era gestión Repsol, una absorción disimulada, en este caso es lo mismo, porque la familia Biedma abandona la dirección ejecutiva del colegio, aunque la nueva administración preserve sus “valores”) Pusieron un pasacalle sobre Riobamba, a metros de Babieca: “Escuela de Vida. Este barco no se hunde”, con el logo en forma de barco que distingue al colegio: una E grande debajo. Una A y una M sobre la E. EAM, siglas de nuestra Escuela. Escuela de vida es una línea del himno escolar. “En esta escuela de vida, modelo de virtud y honor… eres escuela argentina… noble y fiel en tradición”. No es solo que cierra o cambia de nombre nuestro colegio: es más grave que eso. Es la pérdida de un modelo de rectitud y apertura, como decía el himno de esa escuela centenaria. No es solo que se pierde una tradición. Es una forma de entender la vida civil. Una seriedad menos en una democracia a la que no le sobra nada. Los partidos políticos están casi todos fracturados. El poder judicial, corrompido hasta la médula (jueces que cierran causas, como Martínez De Giorgi, egresado de la Universidad Kennedy, cuya mujer fue designada jueza en Hurlingham por el gobierno a quien él favorece), los legisladores no debaten, gritan en el Congreso para llamar la atención mediática y sumar “followers”. El presidente insulta al periodismo. Todo esto expresa un deterioro profundo de la civilidad. De la educación “cívica”.