Un mensaje de texto, una llamada o un correo electrónico aparentemente confiable pueden convertirse en la puerta de entrada para un robo.

El correo electrónico sigue siendo una de las principales puertas de entrada para los ataques de phishing por su bajo costo y alcance masivo.

Un simple descuido puede bastar para que un delincuente cometa un fraude en cuestión de minutos, o incluso de segundos.