Cada 24 de junio, Cusco detiene su rutina para revivir la ceremonia más emblemática del legado inca. Entre el Coricancha, la Plaza Mayor y Sacsahuamán, miles de personas —desde cusqueños hasta viajeros de distintos rincones del mundo— siguen la celebración que trasciende al espectáculo para convertirse en una verdadera experiencia de conexión con lo ancestral.