Cuando pensamos en impuestos, solemos imaginar aquellos creados por ley para financiar los servicios públicos. Sin embargo, existe otro costo que no figura en ninguna norma tributaria, pero que miles de emprendedores pagan todos los días: el de los trámites innecesarios, requisitos excesivos y demoras administrativas. Es lo que puede describirse como un “impuesto invisible”, porque, aunque no constituye un tributo, termina gravando la actividad económica mediante costos que podrían evitarse.