Una mujer de 38 años le confesó a su devota madre que había dejado de ir a la Iglesia y se preparó para la batalla de su vida. Lo que obtuvo fue un largo silencio y una confesión que cambió por completo su infancia: "Hace años que no creo, simplemente no sabía que podíamos dejar de ir"
La madre siguió participando de las actividades parroquiales pese a reconocer que ya no compartía las creencias religiosas.La charla permitió comprender que ambas habían tomado decisiones similares, aunque por caminos distintos.