La crisis existencial que afronta la industria alemana hace que cualquier mínima brizna de luz de corte cíclico sea casi celebrada con alborozo. La feroz competencia china no solo va a seguir ahí, sino que probablemente irá a más. Se antoja difícil que el otrora 'amigo americano' vuelva a ser un socio comercial fiable en el corto plazo. El acceso a la energía difícilmente volverá a ser tan 'sencillo' como en los años 90 y 2000. Sin embargo, el complejo manufacturero germano, un día espejo para el mundo, parece haber salido ileso de la guerra en Irán y eso es mucho decir. En una Alemania que empieza a estar inmersa en las reformas económicas para el mañana, esta suerte de ejercicio de resiliencia plasmado en los últimos datos de pedidos industriales ofrece un oxígeno muy necesario para ...