El horror que se vive en Venezuela no tiene límites y esta situación hunde sus raíces en la historia. No hay más que recordar su brutal guerra de independencia (1810-1823), un conflicto sangriento que derivó en una guerra civil que al escalar –con un devastador terremoto de por medio– provocó una dramática caída demográfica. En un contexto de hambruna generalizada, edificios en ruinas, especialmente en La Guaira, y el reforzamiento de la autoridad colonial, que usó la catástrofe para producir la narrativa de que fue un castigo divino contra los patriotas, cobra sentido el decreto de “Guerra a muerte”, promulgado por Simón Bolívar.