En los meses recientes se ha podido observar el avance de los regímenes de ultraderecha en América Latina. Esta coyuntura se ubica en cuatro fenómenos de similar importancia.En el mundo se observa un enfrentamiento político, que no se manifiesta como la lucha directa entre las clases trabajadoras y las dueñas del capital, sino se expresa como la batalla entre la izquierda y la derecha; la primera como representante de la población trabajadora y la segunda de las clases propietarias. Hablamos de globalización, porque ahora han estado muy activas las alianzas internacionales, sobre todo de la derecha de diversos países.Esta estrategia, diseñada por Sharp para conseguir la caída de regímenes que no agradan al país del Norte, ha sido aplicada por Estados Unidos a lo largo de América Latina. Si bien la fase de movilizaciones que Sharp llama “calentar la calle” ha tenido éxito limitado o ninguno, la estrategia ha tenido dos pilares fundamentales: la guerra judicial y las campañas en medios de comunicación y redes sociales.Aunque no se puede afirmar que Estados Unidos haya perdido la hegemonía mundial, lo cierto es que hay un deterioro significativo. Mientras en 1950, EU abarcaba alrededor del 40 por ciento de la producción industrial del mundo, hoy sólo alcanza entre el 16 y el 18 por ciento. China, en cambio, hoy genera el 28 por ciento de la producción industrial mundial. Además, Estados Unidos es el mayor deudor del mundo, el saldo es nada menos que de 25.8 billones (millones de millones) de dólares y sus mayores acreedores son China y Japón. En lo comercial, hoy tiene una balanza deficitaria de 918 mil millones de dólares.Durante el primer mandato de Trump, algunos hablamos del resurgimiento del fascismo; recuerdo que en estas mismas páginas publiqué una nota titulada El huevo de la serpiente, para referirme al renacimiento de la ideología que acompañó al franquismo en España, al fascismo de Benito Mussolini, al nazismo de Adolfo Hitler y al Japón de Hiroito.Prefiero el término de neofascismo para destacar que ahora las circunstancias son diferentes, pero es un hecho que el de hoy es similar al de los años treinta y cuarenta en sus aspectos más importantes. En primer lugar, está sostenido, como aquel, por el gran capital financiero. Además, no sólo practica el autoritarismo político, sino es sumamente violento. Se caracteriza por un ultranacionalismo agresivo y expansionista. Mantiene, por supuesto, el racismo como ideología y práctica. Se identifica igualmente a un sector social como el culpable de los problemas; ayer fueron los judíos, hoy son los migrantes. Finalmente hay que reconocer que cuenta con un respaldo en amplios grupos de población, convencidos por el discurso de que ese régimen traerá orden y estabilidad económica.El ejemplo más peligroso es Estados Unidos, pero no el único. Hay que mencionar a su aliado en las guerras recientes, el Israel de Netanyahu, a la Ucrania de Volodimir Zelenski, a la Argentina de Javier Milei, a la Italia de Giorgia Meloni, El Salvador de Nayib Bukele, Bolivia de Rodrigo Paz, Chile de José Antonio Kast, Ecuador de Daniel Noboa, Honduras de Nasry Asfura. A ellos se suman recientemente Perú con Keiko Fujimori y Colombia con Abelardo de la Espriella.Aunque hay un avance del neofascismo, no hay que olvidar que hoy los pueblos, especialmente los de América Latina, han vivido experiencias recientes que los mueven a ofrecer resistencia ante los embates de la derecha. Profesora de la Facultad de Economía, UNAM e integrante del Centro de Análisis de Coyuntura, Económica, Política y Social (CACEPS), caceps@gmail.comÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.