En la sesión del 25 de junio de la Cámara de Diputados de la Nación, referí, mediante una cuestión de privilegio, mi rechazo a la decisión del Gobierno nacional de privatizar el río Paraná por 25 años. Esto implica entregar un recurso estratégico a intereses privados y, fundamentalmente, extranjeros, con una fuerte incidencia de Estados Unidos en todo el proceso. Especialistas advierten que profundizar el dragado de 34 a 44 pies alterará la dinámica del río, acelerará la erosión costera y afectará la biodiversidad, el acceso al agua y las economías regionales, como ya ocurrió en Victoria (Entre Ríos). La desregulación impactará negativamente en el cabotaje nacional y pondrá en riesgo puestos de trabajo. Hoy, potencias como Estados Unidos y China mantienen control estatal sobre sus ríos por su innegable valor estratégico, logístico y comercial.