¿Alguna vez se han encontrado ante una decisión complicada que, luego de tomarla, defienden por sobre todas las cosas? Generalmente es un proceso inconsciente. Pongamos un ejemplo simple: quieres comprar una computadora, una decisión importante porque es una gran inversión y tu principal herramienta de trabajo. Hay muchas opciones y, cuanto más lo piensas, más dudas tienes. Hasta que finalmente decides. Pasan los días, las semanas y los meses, y ya te olvidaste de que contemplaste otra opción. Cada día te familiarizas más con tu compañera de trabajo y, si alguien cuestiona tu decisión, le contarás las infinitas maneras en que tu computadora es genial.