Un siglo después, el hombre no cabalga sino que viaja en micro. Pero algo de aquella vastedad sin nombre sigue ahí, mientras alguien intenta entender cómo se empieza de nuevo

“La gente comprendió que quedaba bien admirando el libro”, le dijo el autor de “El Aleph” a su amigo Bioy. No sería la primera crítica esa obra que había sido aclamada. Ni la…

Un siglo después, el hombre no cabalga sino que viaja en micro. Pero algo de aquella vastedad sin nombre sigue ahí, mientras alguien intenta entender cómo se empieza de nuevo