El principal problema de Keiko Fujimori no tiene nada que ver con la infantil pataleta de Roberto Sánchez ni con los desesperados gritos de fraude electoral que, lamentablemente, se han vuelto una tradición que ella misma contribuyó a instalar en la política peruana. La mayor preocupación de la futura presidenta tiene que ver con los enormes nubarrones que se aproximan y que marcarán el destino de su gobierno en los próximos cinco años.

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Durante más de una década, Keiko Fujimori fue la antagonista, pero a partir de julio le tocará ser la protagonista. Una cosa es ser oposición, manejar los hilos del poder desde el…