Sergio Urrutia trabajó casi 30 años en la planta que bajó su persiana de un día para el otro en abril de 2025. Casi ninguno de los 150 despedidos logró conseguir un empleo en blanco. Él es uno de ellos. Lo que no abandona es su rol como diácono de la Iglesia. “Hoy demandan comida los que tienen trabajo”, dice.