Cuando Grindr apareció en 2009, revolucionó la forma en que hombres gays, bisexuales, trans y queer se conectaban. La posibilidad de ubicar personas cercanas en tiempo real y conversar sin esperar un “match” cambió las reglas del juego. Diecisiete años después, la aplicación se ha convertido en algo más complejo: una red social, una herramienta para hacer amigos, pedir recomendaciones y, en muchos casos, una puerta de entrada a la comunidad LGBTQ+.