Cuando Dario Amodei, CEO de Anthropic, escribió sobre el potencial de la IA, usó una imagen que sirve para pensar el desafío hacia adelante: la posibilidad de tener “países de genios” dentro de cada data center. La frase suena apocalíptica, pero leída con cuidado y desde el Sur Global, esconde algo más interesante que una distopía: una oportunidad real de acortar las brechas de productividad y de calidad del empleo que separan los mercados laborales de los países ricos del resto del mundo. El debate global se pregunta quién se beneficia de la IA en economías con trabajadores altamente calificados. ¿Pero qué pasa con el resto del mundo, que concentra 85 de cada 100 empleos del planeta? Mirar la IA desde mercados laborales de baja especialización abre una discusión más interesante. El economista Alexander Gerschenkron tenía una idea formulada en los años 50 que vuelve a ser útil hoy. Los países que llegan “tarde” a una transformación tecnológica pueden beneficiarse de esa demora: no repiten errores, adoptan versiones más maduras de la tecnología, y el atraso mismo puede crear condiciones para un salto. La “ventaja del atraso” la llamó.

Horizonte Político Cada revolución tecnológica llega acompañada del mismo presagio: el fin del trabajo. Lo dijeron del telar mecánico y de la computadora personal; hoy lo repiten…

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