Al orden se llega de muchos modos. Los griegos llamaron kosmos no solo al universo, sino también a la disposición bella e inteligible de las cosas. En ese sentido, orden era aquello que permitía distinguir el mundo del caos, la forma de lo informe, la medida de la pura confusión. Pero el orden no es inmovilidad. Lo vivo no está ordenado porque permanece quieto, sino porque logra sostener una forma mientras se transforma. Un organismo que deja de cambiar no alcanza la perfección; se muere.