El Mundial está entre nosotros. El acontecimiento deportivo que, se suponía, iba a cubrir con un manto de piedad los más escandalosos casos de corrupción actual, en verdad no ha hecho sino subrayarlos y obligarnos a pensar en sus raíces, que son parte de un largo proceso de desarticulación del sujeto político. Nos desayunamos (digo: las personas del común, no probablemente los expertos en las lides de balón) de la introducción de un hydration break en la mitad de cada tiempo, que desarticula por completo el partido y cambia su intensidad y, por lo tanto, su impacto emocional. Uno se pregunta: ¿nos toman por pelotudos? ¿Acaso alguna vez un jugador cayó deshidratado al campo? ¿No hemos visto a los jugadores, durante décadas, tomar agua al costado de la cancha? Realmente: ¿nos toman por pelotudos? La pausa de tres minutos sirve para meter una tanda completa de más mierda publicitaria, dejando a los telespectadores (y eventuales asistentes) con un sabor más bien amargo en la boca porque, ¿a quién le preguntaron si eso hacía falta? Por supuesto, quienes primero podrían haber protestado son los jugadores, pero sus representantes habrán abrazado con algarabía la nueva interrupción porque significaba más dólares en sus bolsillos. Un negocio interrumpe la identificación del público con sus jugadores y con el partido entero. Lo que allí sucede desbarata por completo la representatividad como relación y como soporte del discurso (deportivo).

Las polémicas interrupciones generan de 7 a 9 millones extras en publicidad

Muchos de los amigos y saludados que juraron boicotear el Mundial por imperativos morales te despiertan con un parte sobre los highlights de los partidos de madrugada. El fútbol…

El Mundial está entre nosotros. El acontecimiento deportivo que, se suponía, iba a cubrir con un manto de piedad los más escandalosos casos de corrupción actual, en verdad no ha…

Me gusta que el partido del lunes contra Austria caiga a las 2 de la tarde. Los bares, restaurantes y pizzerías van a estar repletos (cosa que no ocurrió el martes pasado contra…

El deporte puede estar perdiendo su naturaleza transformado en una actividad rendida a la explotación económica de sus más mínimos resquicios