El exceso de peso, el sedentarismo, la mala alimentación, el estrés y el consumo de estimulantes están adelantando la aparición de una enfermedad que antes se asociaba principalmente a personas mayores o a una predisposición genética. El problema es que en las personas jóvenes no presenta síntomas, lo que genera un daño silencioso. Según cifras del Ministerio de Salud, en Chile esta condición resta casi ocho años de vida saludable -ya sea por muerte prematura o discapacidad- a quienes la padecen y no inician tratamiento.