Apenas inicia y ha sido un mundial bastante emocionante. Desde los cantantes en las tres aperturas a los partidos reñidos de la primera semana, ha sido un espectáculo impresionante. Lucieron bien los equipos de los tres anfitriones (sobre todo México y Estados Unidos, pero Canadá tampoco quedó nada mal), y cada ceremonia logró ser una celebración no solamente del país anfitrión, sino de la comunidad global. Es de los pocos eventos que nos recuerda lo que tenemos en común entre los distintos países del planeta Tierra y nos hace olvidarnos de las fronteras que nos dividen.Pero cuando se decidió a favor de la propuesta de una Copa del Mundo entre los tres países de América del Norte, en 2018, vivíamos en otra época, o quizás en el fin de otra época, sin completamente entender por dónde se encaminaba la historia. Esa decisión pudo haber sido un parteaguas en la creciente integración entre los tres países, un signo de exclamación que anunciaba una nueva era de acercamiento recíproca, pero en verdad fue el inicio de un periodo de mayor fragmentación.Hay que reconocer que siempre había dudas sobre la integración que se estaba dando entre las tres economías, las tres sociedades y tres culturas distintas en cada uno de los tres países. En México había temores en sectores del país sobre el peso del vecino de al lado en los asuntos nacionales, que ya empezaba a verse. En Canadá siempre existió una cierta desconfianza hacia México y un claro deseo de tener una integración más bilateral con Estados Unidos que trilateral con México. Y en Estados Unidos se veía venir las olas de desprecio hacia México y los mexicanos en ciertos sectores minoritarios pero importantes de la sociedad estadounidense, que fueron formando parte de la coalición que llevó Donald Trump a la presidencia del país.Con el paso del tiempo, estas grietas se han abierto más, sobre todo por elementos de la administración estadounidense, que ven a los dos vecinos menos como socios y mas como competidores. En Canadá existe un profundo sentimiento de pérdida y rabia por el trato de los norteamericanos, mientras que en México las acciones desde el norte de la frontera más bien confirman patrones ya conocidos del pasado. Parece un tanto irónico en este momento que estos tres países sean co-anfitriones del Mundial, cuando no parecen tener nada más en común.Pero creo que la realidad es distinta. Si la desconfianza mutua es real, también lo es la integración de las tres economías, sociedades y culturas. En el fondo, estos tres países comparten un destino común en el mismo continente y ya producen mucho, desde autos a cine, juntos en cadenas de creatividad y producción compartidas. Lo que la historia ha unido no será tan fácilmente separado por los políticos. Sólo es un poco difícil verlo en este momento en que tenemos tan presentes los agravios, insultos y tratos poco amables del momento. Pero sospecho que en unos años veremos el regreso de una visión trilateral, y recordaremos este Mundial mucho más como la fiesta de unidad entre los tres países de lo que se siente en este momento. Presidente del Instituto de Políticas Migratorias. @SeleeAndrewÚnete a nuestro canal

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