La estrella de rock británica hizo lo que muchos millones quieren hacer, dejar tirado el trabajo para ver los partidos mundialistas, en su caso puso como pretexto sufrir una laringitis para cancelar un concierto en California y, horas más tarde, se le vio, junto a sus hijos, en Massachusetts, para asistir al partido entre Escocia y Haití (1-0). Todo un ídolo.