En el debate público, muchas personas ya no se preguntan '¿es esto cierto?'. Su pregunta, más bien, es: '¿confirma esto mis preferencias, mis miedos, mis prejuicios, mi indignación o mi pertenencia a un grupo?'. Y es que, en la posverdad, la verdad se vuelve cosa de lealtad y pertenencia, no de argumentos