Hay una señora en Ate que lleva años esperando que le asfalten la calle. No sabe quién es el ministro de Vivienda –tampoco tiene por qué saberlo–, pero sabe, con la certeza de quien ha esperado demasiado, que el funcionario que prometió la obra ya no está en el cargo, que el que vino después tampoco, y que la calle sigue igual. Esa señora no habla de institucionalidad, pero vive sus consecuencias todos los días.