Frente a la elección del secretario general de Naciones Unidas se plantea que sea mujer y latinoamericana. Hasta ahora nunca una mujer ocupó ese cargo, algo que evidencia como una organización donde se avanzó en promover la igualdad de mujeres y hombres sin embargo nunca fue dirigida por una mujer. Esto es un indicio de como, en general, las organizaciones tienen grandes resistencias a aceptar el manejo por parte de una mujer. Si bien ha habido y hay muchas mujeres que desempeñan cargos jerárquicos altos en los países y en la ONU, aun los países no delegan en una mujer la conducción. Una organización que debe enfrentar situaciones muy críticas, desde graves trastornos ecológicos, crisis sociales y políticas, guerras y conflictos armados, pandemias y otras que afectan al mundo o a vastas regiones y que requieren una conducción capaz de mantener el equilibrio, poder negociar y lograr superar las crisis con los menores daños posibles. Estas capacidades las poseen las mujeres como está evidenciado y probado, pero la persistencia de prejuicios que insisten en considerarlas débiles, que necesitan ser defendidas y que no pueden manejar situaciones críticas, cuando desde Eva superan una de las crisis biológicas más importantes que puede atravesar una persona desde el embarazo hasta el parto, pero los principalmente varones que ejercen la diplomacia siguen teniendo esos prejuicios. Desde hace algunos años cada vez que se plantea está elección surge la propuesta de que sea mujer, ahora se suma latinoamericana. Esto porque es una región con muy pocos secretarios generales y se trata de buscar el equilibrio de las regiones. Esta no es una norma escrita por eso no es una condición excluyente.