Durante una jornada de avistaje de aves en los Esteros del Iberá, tres grupos de turistas se toparon con algo que no estaba en el programa: un yaguareté caminando por el sendero como si siempre hubiera estado ahí. Su aparición es el resultado de 20 años de trabajo que comenzaron cuando la idea de devolver un gran predador a Corrientes era, directamente, una locura.