El emblemático recinto del Rímac rompió en 1969 una tradición de más de tres siglos al permitir el ingreso femenino. Aquel histórico domingo de Corpus Christi, cientos de visitantes redescubrieron las joyas coloniales escondidas. La iniciativa buscaba recaudar fondos para restaurar este santuario que hoy, a más de medio siglo, sigue cautivando a los peruanos.