El país cuenta con una ventaja competitiva difícil de igualar: abundancia de materia prima, infraestructura industrial instalada y demanda internacional creciente. Entre 2016 y 2018 llegó a liderar las exportaciones mundiales del sector, pero cambios regulatorios, reducción de los porcentajes de mezcla obligatoria e incertidumbre para invertir frenaron su expansión. Mientras países como Brasil avanzan con políticas de promoción, la industria local opera con altos niveles de capacidad ociosa y reclama reglas más estables para recuperar una oportunidad de generación de empleo, divisas y valor agregado.