Escupir no es de dioses, pero Apolo hizo una excepción. Al sentir su deseo sexual rechazado por Casandra, la escupió en la boca. La maldición fue que, a partir de esa guarangada, ella vivió la desesperante situación de decir la verdad sin que nadie le creyera. Una vez en la Plaza de Mayo se mandó a escupir imágenes de periodistas. Esa angustia viven los periodistas profesionales. Es el efecto Casandra: si los dioses políticos escupen palabras hirientes contra la prensa, sus amplias hinchadas pueden dejar de creer en los periodistas. Parte de la escupida al periodismo profesional consiste también en usar la libertad de expresión contra la calidad informativa, donde fuerzas políticas dicen que defienden la libertad de decir sus verdades de identidad, o verdades alternativas, por fuera de la prensa profesional.