Cada vez que un sismo sacude alguna región del país, la reacción suele ser la misma: preocupación, incertidumbre y una sensación colectiva de vulnerabilidad. Durante algunos días se habla de prevención, de mochilas de emergencia y de la importancia de construir de manera segura. Sin embargo, cuando el recuerdo del movimiento se desvanece, también lo hace gran parte de la atención sobre un problema que sigue presente.