Cuando hablamos de ambiente no hablamos únicamente de bosques, biodiversidad, especies o compromisos internacionales. Hablamos de la calidad del agua que consumimos, de nuestra salud, de la seguridad alimentaria y de los negocios y medios de vida de millones de hogares. Durante mucho tiempo, la agenda ambiental ha sido presentada como un costo o como una restricción al crecimiento. Esa lectura es incompleta: la gestión ambiental incide directamente en la productividad, la competitividad, el acceso a financiamiento, la reducción de la pobreza, la seguridad y el bienestar de la población.