González no se fue, pese a que su vicepresidente y uno de sus ministros tuvieron que dimitir tras ser imputados; Aznar da lecciones de ética 24/7, aunque tres cuartas partes de los miembros de su gobierno fueron acusados, imputados, condenados o llamados a declarar en alguna trama corrupta; Rajoy padece amnesia, pero tiene a su ministro de Interior en el banquillo por un caso de corrupción de Estado de libro, pero el que tiene que irse “por decencia”, dicen, es Sánchez