La nación helvética tiene una cultura de movilización política sumamente arraigada entre su población, que puede influir directamente en las decisiones del Estado. Esto ha dado lugar a iniciativas sumamente curiosas y llamativas, muchas de ellas desaprobadas en las urnas, a las que los suizos son convocados unas cuatro veces al año y por lo cual se conoce a Suiza como “el país en eterna campaña”