En muchas pymes familiares argentinas, el dueño termina ocupando todos los roles: vende, negocia, resuelve urgencias, controla pagos y toma decisiones importantes en medio del caos diario. Funciona por un tiempo, pero cuando el cansancio se vuelve permanente, impacta directamente en la gestión financiera. El agotamiento no solo afecta el ánimo, sino también la claridad para decidir.