Con frecuencia el mayor ardid del futuro es hacernos creer que todavía no llega. Por eso cuando uno cree verlo venir, en realidad ya está instalado. Sucede en todos los ámbitos, desde el personal hasta el global. Y, desde luego, sucede en materia de evolución demográfica.Recientemente, el Consejo Nacional de Población (Conapo) dio a conocer el Programa Nacional de Población 2026-2030, documento que puede consultarse en internet y cuya información genera interrogantes y demanda previsiones. ¿Qué haremos para responder a las ventajas y desventajas, a los retos y oportunidades que plantea un futuro que ya llegó?El envejecimiento de la población dejó de ser una proyección para ser ahora una condición estructural de la sociedad. Viviremos más años, sí, pero cómo, en qué circunstancias. Porque una mayor esperanza de vida no asegura una mejor vida, sobre todo si se considera que la mayoría de las personas llegarán a la vejez con pensiones insuficientes, sistemas de salud con enorme presión y redes familiares más frágiles.Diseñar una política social sobre cuidados, pensiones y salud ya no puede asumirse como algo deseable y a futuro sino como indispensable e inmediato, porque quizá pronto de ello dependa la cohesión y estabilidad social.En México, las personas de 60 años y más representan 13.24 por ciento de la población, pero en ocho años habrá más personas de ese rango de edad que menores de 12 años, cambio que constituye una llamada de atención: Durante décadas, las familias mexicanas pudieron sostener a sus adultos mayores gracias a estructuras familiares amplias y a una economía más estable. Pero las cosas han cambiado: las nuevas generaciones se enfrentan a falta de empleo, salarios insuficientes, vivienda costosa y una creciente automatización laboral, entre otras condiciones que pueden reducir la capacidad de apoyo intergeneracional y dar pie a nuevas formas de vulnerabilidad.A todo lo anterior se suma la inteligencia artificial y su capacidad de transformar el empleo. Empezó con las labores industriales y seguramente cambiará las administrativas, las jurídicas, las financieras y de servicios. El desafío tecnológico nos llevará al social: cómo evitar el desplazamiento masivo de personas en una economía que de por sí tiene una limitada oferta de empleo y en la que, se pronostica, las habilidades humanas más valiosas serán la adaptación, la creatividad y el pensamiento crítico.Desde la perspectiva de los derechos humanos, el desafío será impedir que la transición demográfica derive en exclusión, abandono o pérdida de dignidad. Habrá que discutir nuevos derechos vinculados al cuidado, la autonomía personal, la protección frente a la precarización tecnológica e incluso el derecho de las personas a decidir sobre el final de su vida en condiciones de dignidad.Tenemos que proceder ya porque el tiempo demográfico suele rebasar al de la política. Hay que hacer espacio entre los retos de todos los días para enfocarnos en actuar con oportunidad porque no se trata solamente de un reto económico o tecnológico sino un desafío esencialmente humano: cómo construir una sociedad viable, productiva y solidaria, capaz de adaptarse a los cambios inéditos e incluso capitalizarlos en bien de toda la población, conformada por una nueva estructura generacional. Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.