El diálogo no elimina los desacuerdos, pero sí evita que la política y la vida pública terminen reducidas a monólogos, ataques y ruido permanente

Para que el diálogo sea posible se necesita un mundo en común. Pero hay violencias que destruyen ese mundo antes de que la conversación empiece

El diálogo no elimina los desacuerdos, pero sí evita que la política y la vida pública terminen reducidas a monólogos, ataques y ruido permanente