La reciente visita del presidente de EE.UU. a Pekín marca el fin de una ambigüedad: el gigante asiático deja de ser un socio incómodo para convertirse en un rival estructural

'Más allá de Trump y su caótica presidencia, el verdadero problema para Occidente radica en la incapacidad de nuestras democracias para sostener una estrategia a largo plazo'

La reciente visita del presidente de EE.UU. a Pekín marca el fin de una ambigüedad: el gigante asiático deja de ser un socio incómodo para convertirse en un rival estructural