Lo que hace apenas unos años parecía una cuestión reservada a laboratorios especializados y a la ciencia ficción, hoy forma parte de la experiencia cotidiana de millones de personas: estudiantes que redactan textos con apoyo algorítmico, médicos que utilizan sistemas predictivos para mejorar diagnósticos y despachos jurídicos que automatizan procesos de análisis jurisprudencial.