La destrucción de una escuela iraní, que dejó más de 150 muertos, reactivó el debate sobre el empleo de algoritmos avanzados en conflictos armados. Según investigaciones, sistemas usados por Estados Unidos e Israel habrían identificado el lugar como objetivo militar a partir de datos erróneos. El caso expone dilemas éticos sobre quién responde cuando una máquina contribuye a una tragedia humana.