El escenario más trágico de la guerra de Irán ha terminado siendo la desventurada República del Líbano, y no el mismo Irán, paradójicamente. Líbano es un país exhausto, económicamente devastado y crecientemente harto de servir como campo de batalla para intereses ajenos. Han sido utilizados y sacrificados por potencias vecinas que dicen defender grandes causas históricas, mientras millones de libaneses quedan atrapados entre ruinas, desplazamientos y una humillación nacional permanente. Lo peor es que ni Irán ni Israel parecen interesados en detenerse.