El 21 de mayo de 1924 Nathan Leopold, de 19 años, y Richard Loeb, de 18, secuestraron a Bobby Franks, de apenas 14, lo mataron y quisieron ocultar su crimen con un minucioso plan. Pertenecían a familias ricas de Chicago y se creían superiores al resto de los mortales. La carta plagiada de una novela de detectives y el par de anteojos perdido que permitió capturarlos