Mejores herramientas médicas y una mayor información sobre el impacto digestivo que tienen estos alimentos han permitido que hoy haya más pacientes con diagnóstico y tratamiento en relación con décadas anteriores. Sin embargo, la preocupación actual es la gran cantidad de personas que se autodiagnostican, motivadas por tendencias que eliminan el consumo de harina de trigo o leche de vaca, atribuyéndoles perjuicios sin evidencia científica.