Lo que vimos en Chihuahua el domingo pasado fue el estrepitoso fracaso de Morena en varios sentidos.Primero. Está siendo avasallado en la confrontación de narrativas. Eso es lo que el agonizante partido no termina de ver: porque no quiere o no puede. Son dos temas absolutamente diferentes e irreconciliables. Una cosa es defender a la población con quien puedas de los verdugos y otra entregarla a los verdugos. Esa es la diferencia central entre Chihuahua y Sinaloa.El “mexicanos al grito de pruebas” es insostenible con un personaje como Rocha Moya y lo será con dos decenas más de impresentables. Parafraseando al divo de Juárez “No pidas lo que ya sabes”. Así estamos con Sinaloa.Pero eso son interpretaciones. Van datos. El 66% de las personas aprueban que haya cooperación con EU para detener a narcos, pero que sean aprehendidos por autoridades mexicanas. Eso hizo Chihuahua. La otra cara de la moneda: el 85% piensa que los gobernadores de Morena señalados de vínculos con el crimen organizado deben ser removidos e investigados. Eso no está pasando en Sinaloa.Segundo. La narrativa de Morena no tiene asidero en la realidad. Estados Unidos denunció a los tres niveles de gobierno, a todo un estado: un alcalde, el gobernador, vicefiscales, un senador. Es la radiografía de un narcoestado. Nada similar ocurre en Chihuahua. Tercero: Morena mostró su debilidad. Su temible capacidad de movilización quedó en un tirititito. Mal estreno para la nueva dirigencia. Faltó oficio y astucia. ¿Qué el gobierno de Chihuahua operó? Pues claro. ¿Qué esperaban? Pero Morena tiene a su servicio todo el aparato federal. Tiene dos estados vecinos gobernados por correligionarios. Los chamaquearon. No es un tema menor: todo se le perdona a un cacique, menos perder. Cuarto: Hay una diferencia central entre bravura y temeridad. La gobernadora Maru Campos ha sabido defender la seguridad de los chihuahuenses con temple, decisiones políticas valientes y arrojo. El relato del oficialismo está hecho añicos. Reta a Estados Unidos. Desafía a su fiscalía. Avanza, recula. Cobija a cómplices del narco y acusa de traidora a la patria a quien los combate. Un relato, el de Chihuahua, está firmemente sujeto a las emociones estatales. El otro, la defensa de la tambora, es anticlimático en una sociedad asqueada de corrupción, desencantada de impunidad y agotada de vivir con miedo. Morena perdió la conexión social que tuvo. El junior no es el papá. Por eso el desplome en la aprobación y en su intención de voto.Cuarto: Sinaloa ha provocado un cisma en el oficialismo. Los aliados amagan con irse. Los implicados olvidan el tema soberano y se entregan al extraño enemigo, con sus maletas llenas de pruebas. Vendrán muchos más, de muchos estados. El gobierno se ve sin rumbo. Un preocupante 68% de las personas piensan que la presidenta ya no trae el control del país. El vacío de liderazgos en la marcha fallida de Chihuahua muestra a un Morena dividido y peor: temeroso. Tomar la ofensiva en este momento se interpreta como defender a Sinaloa. Por eso el hueco de figuras relevantes. Todos desconfían de todos y rezan por no ser el siguiente. Chihuahua y Sinaloa son dos modelos de gobierno y de operación política.Que cada quien elija cual sería mejor para su familia.@fvazquezrigÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

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