El caso sobre un fraude millonario, que salpica a Flávio Bolsonaro y al juez Moraes, desplazan asuntos como la seguridad pública, la economía o la soberanía

El 11 de septiembre del año pasado, Brasil enviaba un potente mensaje al mundo. La condena a Jair Messias Bolsonaro por liderar un complot golpista tras perder las elecciones demostraba que la justicia puede castigar a quienes socavan desde dentro el orden constitucional y las instituciones. Los jueces del Supremo brasileño soportaron estoicos la formidable presión del estadounidense Donald Trump. Los demócratas, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, paseaban su orgullo. Un año después, Brasil se prepara para unas elecciones muy disputadas, con muchas caras conocidas y la corrupción, de vuelta, como tema central. Un tsunami en los moldes del escándalo Lava Jato que dio la vuelta como un calcetín a la política brasileña antes de ser enterrado por la justicia.

El mayor fraude de Brasil, el caso Banco Máster, salpica de lleno al principal candidato de la oposición, Flávio Bolsonaro, hijo del ultraderechista encarcelado e investigado en la trama, según se acaba de saber. En calidad de sospechoso, le acompaña el juez Alexandre de Moraes, némesis del bolsonarismo y el magistrado erigido en estandarte de la defensa de la democracia.