Los datos no invitan al optimismo para los jóvenes españoles, especialmente para aquellos que esperan poder emanciparse o formar un hogar y aspiran a poder tener una vivienda en propiedad en la que ir metiendo, poco a poco, sus ahorros. Y es que el acceso a una vivienda en propiedad en nuestro país se produce cada vez más tarde, siendo los 46 años la edad más habitual a la hora de comprar. Y subiendo.

La imposibilidad de ahorrar para la entrada de un piso sin apoyo familiar, sumada al boom de los precios de la vivienda en los últimos años y a la precariedad laboral, ha convertido la compra en un lujo reservado a aquellos que alcanzan lo que se puede denominar madurez económica. Además, entre los que pueden permitirse el lujo de comprar, se observa un mayor dinamismo de compradores jóvenes en las zonas metropolitanas de las grandes ciudades que en enclaves costeros, donde el comprador medio se acerca o supera la edad de jubilación, siendo especialmente relevantes los extranjeros y las compras de segundas residencias.

Según los últimos datos del Portal Estadístico del Notariado a junio de 2026, la edad mediana del comprador se sitúa ya en los 45,8 años frente a los 43 años de 2014. Es decir, en doce años, desde que los precios de la vivienda tocaron fondo hasta ahora, cuando los precios han vuelto a alcanzar máximos históricos en buena parte de España, el comprador medio ha envejecido tres años. Y aunque en los momentos más tensionados del mercado, la edad mediana llegó a tocar picos cercanos a los 46,9 años, la tendencia de envejecimiento estructural del comprador se ha ido consolidando en los últimos años y aleja, de manera constante, el sueño de tener casa propia a las generaciones más jóvenes.