La felicidad –o la satisfacción, o la euforia, o el desahogo– era ésto: un triunfo ante un buen equipo bajo la lluvia tucumana, que nunca cesó durante el partido y que ofrecía la épica de una película de superación personal. Encima, frente a sus hinchas, que eran visitantes, eran menos pero se hacían oír. Solo faltaba la música de Carrozas de fuego. Y así llegó el gol de Thiago Almada sobre la hora, luego de una inspiración de Meza, y del aguante y picardía de Beltrán. River logró su tercer triunfo consecutivo, esta vez ante Atlético Tucumán en un partidazo que se definió en el final. El equipo dirigido por Leonardo Ponzio empieza a marcar un camino distinto al de Eduardo Coudet, que no debe poder creer cómo cambió todo en tan poco tiempo: los jugadores que no tenían reacción ni juego, ahora demuestran mucho más que eso. Porque River no brilla, obvio, pero domina a sus rivales y, cuando le pegan, como sucedió con el cabezazo de Ferreira con uno menos, sabe levantarse. Antes de eso, en el primer tiempo, Tobías Andrada había abierto el marcador, un rato después de que Atlético Tucumán se quedara con diez por una irresponsable plancha de Nicola, a tan solo 13 minutos de haber arrancado el partido.
River festejó en el final y con Ponzio empieza a acostumbrarse a ganar
La felicidad –o la satisfacción, o la euforia, o el desahogo– era ésto: un triunfo ante un buen equipo bajo la lluvia tucumana, que nunca cesó durante el partido y que ofrecía la épica de una película de superación personal. Encima, frente a sus hinchas, que eran visitantes, eran menos pero se hacían oír. Solo faltaba la música de Carrozas de fuego. Y así llegó el gol de Thiago Almada sobre la hora, luego de una inspiración de Meza, y del aguante y picardía de Beltrán. River logró su tercer triunfo consecutivo, esta vez ante Atlético Tucumán en un partidazo que se definió en el final. El equipo dirigido por Leonardo Ponzio empieza a marcar un camino distinto al de Eduardo Coudet, que no debe poder creer cómo cambió todo en tan poco tiempo: los jugadores que no tenían reacción ni juego, ahora demuestran mucho más que eso. Porque River no brilla, obvio, pero domina a sus rivales y, cuando le pegan, como sucedió con el cabezazo de Ferreira con uno menos, sabe levantarse. Antes de eso, en el primer tiempo, Tobías Andrada había abierto el marcador, un rato después de que Atlético Tucumán se quedara con diez por una irresponsable plancha de Nicola, a tan solo 13 minutos de haber arrancado el partido.








