Céline Dion ha vuelto a París. Es verdad que lo hizo brevemente ya durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de 2024, en la que interpretó desde la Torre Eiffel la canción Hymne à l’amour, de Édith Piaf. Pero el de ahora es un regreso monstruoso: 26 conciertos en ocho meses.Este sábado empieza una residencia que ha despertado una demanda extraordinaria entre los franceses. Alrededor de nueve millones de personas llegaron a registrarse para la preventa de las entradas. Es decir, el 13% de la población -si se omite la cuota internacional- se borró las yemas de los dedos pulsando el F5 de su ordenador durante horas para hacerse con una entrada. Algo completamente insólito, mientras en Londres sucede algo parecido, pero para ver el tapiz de Bayeux. Al final, serán 16 fechas entre septiembre y octubre de 2026 en la Plenitude Arena de Nanterre y otras 10, previstas para mayo de 2027. Hoy se esperan ya 30.000 espectadores.La ciudad está cubierta de fotos, carteles y lemas relacionados con la cantante. La expectación es tan grande, que este viernes, en la plaza de la Bataille-de-Stalingrad, en el distrito XIX, miles de personas se reunieron para cantar en un gigantesco karaoke gratuito dedicado a la canadiense organizado por el Ayuntamiento de París. Pelucas, vestidos de escenario, gafas negras, teléfonos levantados y, sobre todo, miles de voces intentando alcanzar las notas imposibles de My Heart Will Go On.La fiesta del viernes, en la que participó también el alcalde de París, Emmanuel Grégoire, dice mucho de lo que significa su regreso para Francia. “Voy a cantar en completa discreción, no entenderéis nada porque lamentablemente, como muchos seguidores de Céline, canto muy mal y es muy difícil·, confesó entre risas Grégoire. No se trata solamente de que una de las grandes voces de la música popular vuelva a actuar. Se trata de una artista que forma parte de la memoria sentimental del país, aunque no sea francesa. Para muchos, Céline Dion pertenece tanto al repertorio de las grandes baladas internacionales como al de la canción francófona. Su álbum D’eux, publicado en 1995 y escrito en buena parte por Jean-Jacques Goldman, sigue siendo el disco francófono más vendido de la historia.Legión de fansLa cantante quebequesa llegó a París el 28 de agosto y desde entonces se aloja en el hotel Royal Monceau, donde cada día la esperan decenas de seguidores que gritan su nombre y celebran cada vez que la artista se acerca para saludarlos.La ciudad ha decorado el metro con sus letras, ha instalado una tienda temporal de productos de la cantante y ha convertido la víspera de su primer concierto en una celebración popular. En Stalingrad, los fans -puede que también bastante gente sin un plan mejor para el viernes- convirtieron el karaoke en una especie de ceremonia colectiva. “Scanead el QR en vuestros teléfonos, se convertirán en micros y podréis cantar las canciones todos la vez”, gritaba la presentadora del acto sobre el escenario mientras el público se arrancaba con los hits de la canadiense si ningún tipo de rubor con el teléfono en la mano. La cuestión suscita todavía muchos interrogantes en una sociedad acostumbrada a un cierto elitismo cultural, pero entregada a la artista canadiense, convertida también en un símbolo de la comunidad gay. No hay pretensión ni apariencia. Es solo una identificación directa con la vida de la gente. Dion, de 58 años, era la única de una generación de superestrellas femeninas de los noventa como Mariah Carey (ya solo sale a pasear por Navidad) o Whitney Houston (ya fallecida) que seguía manteniéndose activa. Pero en 2020 se apartó de los focos y se tomó un respiro de seis años después de ser diagnosticada de síndrome de la persona rígida, una rara enfermedad autoinmune que provoca espasmos de gran violencia sobre los músculos. A la canadiense le afectó especialmente en las cuerdas vocales. Los detonantes son la luz, el ruido, la muchedumbre. O sea, todo lo que forma parte de la dieta de la que se alimenta Dion. Y así, de un día para otro dejó de poder cantar y tuvo que suspender la residencia que iba a desarrollar con conciertos semanales en Las Vegas (la aceptó porque a su marido le encantaba el juego), como se muestra sin demasiados filtros en el documental Yo soy: Céline Dion, de Amazon. A cambio, estará 26 noches en París.
Céline Dion arranca un maratón de 26 conciertos en París
La cantante canadiense, después de una larga y compleja enfermedad, se reencuentra con su público y su ciudad fetiche en una serie de ‘shows’ por los que pasarán a 800.000 perosnas













